Eliot escribió en uno de sus ensayos que la gente tiende a creer que existe una esencia única de la poesía susceptible de formulación, y como la poesía opera con el lenguaje, es quizás la creación más compleja que necesita de la complicidad y la inteligencia del lector o lectora. La poesia no necesita estar subvencionada, ni tampoco que se subvencionen las ediciones de poesía. Se han publicado demasiados libros muy mediocres para justificar presupuestos de diversos ayuntamientos y diputaciones -eso lo sabemos-. Lo peor que puede sucedernos es que la complejidad de un poema acabe siendo entendida por unos pocos privilegiados. Contra la merma de la cultura en una sociedad, no pueden hacer nada ni las redes, ni la más sofisticada tecnología. Es en el campo de las letras, de la filosofía, de la ciencia, de la observación, donde nos nutrimos de la curiosidad que nos llevará al estudio, al aprendizaje de la soledad, al amor a otras culturas, al dolor de existir. Para inspirarse hay que cuidar la vida sensitiva, llenarla de sentido. Hay que tener conciencia de ello. Para tener conciencia de la existencia y nuestras complejidades, algo hay que saber ¿no?
