POEMAS A 30 CÉNTIMOS

25 Feb

¡Me ponen de los nervios! A diestro y siniestro oigo que el nuevo paradigma que es Internet nos alejará de todos los males que hasta ahora hemos padecido. No hay debate sobre las bondades de la red en los ámbitos culturales (con especial incidencia en la música y la literatura, como si las demás artes no existieran), que no diga que se acabó el monopolio de unos pocos, que la cultura hecha por una minoría privilegiada grazna ya su canto del cisne y que PRISA ya no volverá a dictar las modas del progresismo (ni sus lecturas a la luz de la mesilla de noche -qué bonito eso de “mesa de luz”-).
Las voces no se cansan de anunciar que ha llegado el momento de constatar que en cada ciudadano anida un creador, un artista, antaño latente y ahora redivivo. Como si ser creador, artista, fuera tarea fácil… ¡Valiente tontería! Como si un mero cambio de soporte (y bienvenido sea con sus mil ventajas), provocara una súbita lluvia de talento que regara los pueblos y ciudades, convirtiendo al cajero de la gasolinera en un émulo de Lorca o T.S. Eliot. No nos engañemos, el gasolinero ya era antes poeta si ahora cuelga poemas en la red, otra cosa es qué clase de poeta; y es que entre pésimo y genial el abanico es amplísimo.
También me espanta oír que fulanito o menganito (nuevas voces) no serían nadie sin la red, como si fulanito o menganito no publicaran también, y más contentos que unas pascuas, en papel. Pero si a un autor se le cae la baba ante un libro recién salido de imprenta… Otra cosa es que el marketing les haya salido gratis y lo hayan sabido aprovechar bien. Cambia la puerta por la que se entra, no el lugar al que se entra, y todo acaba en entrevistas, reseñas, mesas redondas en centros culturales y si hay suerte en premio.
Por no hablar de la mal entendida gratuidad: ¿acaso la electricidad que consume un portátil la paga alguna ONG o una confabulación de bytes llena cada viernes la nevera? Asumamos de una vez que, amén de la velocidad comunicativa, la gran ventaja de Internet es la posibilidad de hacer llegar al receptor cultura en dosis menores que las hasta ahora imperantes: canciones sueltas, cuentos sueltos, poemas sueltos… Y que la otra gran ventaja es la capacidad de mezcla, de cóctel cultural. Básicamente está cambiando el formato, admitámoslo. Y entendamos que Internet es un nuevo mercado, así de prosaico. Conclusión: si un libro de poesía en papel, formado por una cuarentena de poemas, cuesta 12 euros, lo normal sería que vendiéramos cada poema a 30 céntimos. ¿Quién empieza?

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3 comentarios to “POEMAS A 30 CÉNTIMOS”

  1. Manuel Márquez febrero 25, 2011 a 2:40 pm #

    Una propuesta antiinflacionista en toda regla, compa Mª Ángeles: ya pueden tomar nota las autoridades económicas (aunque me temo que va a ser que no…). Del resto de reflexiones, creo que podría suscribirlas todas. O casi…

    Un abrazo y buen fin de semana.

  2. ana pérez cañamares marzo 1, 2011 a 9:59 am #

    Uf, pues yo no sé ni por dónde empezar… Se me ocurren tantas cosas que no sé si hacer una entrada distinta… Me lo voy a pensar.

  3. B marzo 7, 2011 a 9:44 pm #

    Todavía me acuerdo, aunque vagamente, de los poems-pommmes, poemas a un chelín pre-Euro (de TS Elliot?, de Joyce, el impagable?, no tengo mi biblioteca a mano)… Acaso importa el valor-de-mercado de un poema? Un poema nunca valió nada, aunque haya cambiado vidas, generaciones, lectores y circunstancias transhistóricos. No es menor el tema, e igualmente engañoso —como en la palabra francesa ‘mirage’, sí, como un espejismo.

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