Yo misma, Internet y todos mis compañeros

3 Mar

En mi vida he estado menos sola que ahora. Ni como lectora, ni como escritora, ni como animal político, ni en ningún otro aspecto de mi persona. E Internet tiene que ver mucho con esta sensación de compañía.

Si no fuera por Internet, yo dudaría de que hubiera mucha más gente que compartiera mis gustos y mis ideas, porque mis gustos y mis ideas no son, desgraciadamente para mí y para los que piensan parecido a mí, mayoritarias.  Y la hay, vaya si la hay, aunque no veamos reflejo de nuestras ideas políticas en telediarios y en apenas algún periódico, y nuestros autores favoritos no aparezcan en escaparates ni suplementos. Me hubiera gustado saber de economía antes, pero quizá no con tanto ímpetu como para matricularme en la universidad o comprarme tomos de 1.000 páginas,; sin embargo ahora, gracias a internet, he podido pedir una hipoteca conociendo los términos y sabiendo a qué me estaba condenando; puedo formarme y dar una opinión sobre temas que antes me estaban vedados; puedo saber, con un margen de acierto bastante amplio, quién me engaña y para qué (y con suerte, algún golpe esquivo: es, a mi parecer, una de las utilidades del conocimiento cuando, insisto, lo que impera es la era de la información, del borreguismo, de la superficialidad y de la rentabilidad.)

Oigo que se acusa a internet de fomentar eso precisamente: la banalidad, el consumo rápido. Supongo que internet es un universo tan vasto que cada uno encuentra lo que quiere, o lo ve desde el prisma que quiere verlo. Internet es el paraíso del porno; internet es el edén de los juegos on line, de los chats, de los grupos neonazis, de la viagra, del compre-juegue-gane ahora.
Internet es también para aquellos que en su vida han tenido voz ni voto y que no se ven reflejados en los medios generalistas o que no tienen para gastarse 100 euros cada vez que visitan una librería. Internet es para las revistas de análisis político y económico por las que ningún empresario apostaría en papel. El lugar donde no existen las élites ni los monopolios de información efectivos (están, claro que sí, pero no pueden coparlo todo.) Internet es la biblioteca que contiene lo mismo para la muchacha de un pueblo de Albacete que para el editor del New York Times (cuando pienso en esa enciclopedia que mi padre me regaló teniendo que endeudarse, esa enciclopedia cara y a la que le faltaba tanta información, esa enciclopedia que nunca sació mi hambre y que me llenó de culpa al ver los recibos con que la pagábamos…) Internet es la plaza pública en la que todas las voces se oyen al mismo volumen (y por eso las temen tanto, aquí y en Egipto, dictatorzuelos y gobiernos occidentales.) Es el sitio en el que la cultura puede escapar del mercado, porque yo puedo acceder a una película coreana que nadie aquí tenía ninguna pretensión de estrenar gracias a que alguien (!bendito sea!) por amor al arte ha decidido currarse unos subtítulos y ponerlos a mi disposición. O a series que nunca han llegado a España o que si han llegado han sido tratadas sin respeto, dejando de emitirlas, o poniéndolas a las dos de la mañana. Y a lo mejor esto no parece importante, pero mi acervo cultural debe tanto a algunos libros como a los Soprano o a Mad Men.

Y volvemos a lo nuestro: no todo lo que se publica era bueno antes ni es bueno ahora. Internet no garantiza calidad (como tampoco nunca la garantizó el papel; eso no creo que admita discusión, si nos damos una vuelta por la mesa de novedades de cualquier librería.) Pero para los que antes teníamos que escalar escalafones y hacer “carrera literaria”, se han facilitado enormemente los pasos previos. Podemos conocernos, leernos entre nosotros, sin tener que esperar al premio, a la fiesta, al tepresentoa que antes no estaba a nuestro alcance o lo estaba después de probar… ¿nuestra calidad o nuestra comercialidad?

¿Que en la red no hay criterio? El criterio se lo hace uno mismo, ahora y como siempre, y cuanta mayor sea la cantidad de información de la que se dispone, con más base se contará para construirse ese criterio. No hay que olvidar, además, que el criterio no es un concepto unívoco. Gente que sabe puede discutir horas sobre la calidad de este autor o esta obra. En la Red puede hallarse mucho escrito que probablemente nunca hubiera llegado al papel porque se nota que al autor le falta experiencia, formación, trabajo… pero existen destellos en función de otras cualidades -frescura, originalidad, fuerza- que justifican, al menos, la lectura y el seguimiento de esa obra. Y no olvidemos tampoco que todo el mundo tiene derecho a expresarse, ya sea para volcar sus sentimientos, para que lo lea su madre, para enriquecerse con los comentarios de los demás… otra cosa es que uno, como lector, tenga distintos intereses y si sólo capta un afán, digamos, de desahogo, no vuelva por esa página. O a veces vuelva en busca de valores considerados normalmente “extraliterarios”.

Yo no sé si llegará el momento en que el papel deje de tener sentido… para mí a día de hoy lo tiene y no quiero renunciar a él: me gusta el papel impreso, pasear los libros de un lado a otro, leer en el metro, regalar y dedicar los que yo escribo, notar su peso en el buzón, ver los lomos en las estanterías, doblar las esquinas de las hojas, subrayar… Pero mis textos no son mejores por estar en papel. Quizá, sí, más corpóreos, más físicos, más disfrutables, más sensuales, como son para mí todos los libros impresos. Y una vez dicho que amo el papel -aunque creo haber superado cierto fetichismo que, por ejemplo, hace que ya no acumule libros, sino que, en su mayoría, los regale- voy a decir también que yo sin la red no sería quien soy como poeta. Ni mucho menos. La mayor parte de mis lectores -esos que luego se compran el libro- me han conocido por la red. Tener un blog antes de publicar -y haber recibido ya críticas de lectores- hizo que me sintiera más segura cuando mandé mi libro a una editorial. Las otras veces que había probado suerte en el mundillo editorial lo hice de una forma digamos acomplejada, permitiendo y auspiciando una relación paternalista y de poder entre autor y editor, de siustedpudieraleermimanuscrito y hacermeelfavordepublicarlo… sentimiento que no he tenido nunca en esta nueva etapa. Igual que no he tenido que acercarme a mendigar a un editor tampoco he tenido que abordar a un escritor muerta de la vergüenza. Me los he encontrado en blogs, en revistas digitales,  en facebook, me han contestado, me han preguntado, me han comentado, me han invitado… de forma totalmente espontánea y de igual a igual, como la gente que ha querido hacer una reseña o colgar un poema de mis libros. Ni la editorial ha pagado, ni yo he insistido ni peloteado a nadie: aquí, las cosas pueden surgir de forma limpia. Como después de varios años de carteo, puede suceder que unos poetas se sienten a comer cocido y a beber vino en la mesa de mi casa. Aquí, existen los regalos, y muy a menudo una se los encuentra.
Internet puede ser un nuevo mercado, pero un mercado que no se rige por las mismas reglas que los demás. Y eso ya me parece un cambio revolucionario, al mismo nivel que el de la imprenta. A veces se los intenta enfrentar… pero sinceramente creo que la relación entre ellos es más de parentesco. Quizá de madre e hijo (y no olvidemos que a menudo son los hijos los que acaban cuidando de los padres.)
Otro día hablaremos del… dinero. Que es un buen tema, pero en estos lares, creo, no es lo más importante.

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2 comentarios to “Yo misma, Internet y todos mis compañeros”

  1. M Cinta Montagut marzo 4, 2011 a 10:08 pm #

    Me parece muy justo y preciso este texto tuyo y comparto plenamente tus palabras Ana. Sin internet no te habría conocido, probablemente no te habría leído como lo he hecho ni me podría llamar amiga tuya como ahora me considero.
    naturalmente que en internet escontramos todo lo bueno y todo lo malo porque como ya he dicho otras veces, creo que por aqui, internet ahora mismo es el mundo y en él vivimos.
    para los que escribimos poesía internet nos ha ampliado los lectores, la posibilidad de discutir con lectores que nunca antes habíamos conocido y aunque yo todavía no me he comido un cocido en tu casa no dudo que algún día lo haga y llevaré un buen vino para beberlo contigo y con todos los que compartamos la mesa de la amistad.
    Espero que esta gran plaza pública nos acoja muchos años más y podamos tomar el sol en ella.

  2. Manuel Márquez marzo 8, 2011 a 7:20 am #

    ¿Dónde está, compa Ana, el cuadrito para firmar debajo? Que me hace falta…

    Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

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