Selva Casal

21 Feb

La casa donde nació Julio J.Casal en 1889,   está ubicada en el barrio de Pocitos, en la calle Bartolito Mitre. Ahora es una especie de bar, pero en el portal hay una vieja placa de bronce que señala donde vivió el ilustre poeta modernista,  creador de una de las revistas vanguardistas más importantes de Sudamérica a principios del siglo XX. Allí nació su hija Selva Casal,  en 1934. La calle,  flanqueada de plataneros, como casi todas las calles de Montevideo, conserva el aroma del tiempo detenido y una se estremece cuando, instalada en esa finísima línea que nos hace conscientes de la percepción del tiempo,  que tal  medida,  consensuada para no nos olvidar  que a todos nos llegará  la hora de la muerte,  no es sólo ficción. El pasado camina parejo al momento presente y en esa intersección se cuela la poesía de Selva Casal.

Toda ella es poesía. Su presencia  de gestos dulces y tímidos. Su mirada azul a la que no se le ha borrado la impronta de la niña que fue. Hablar con Selva Casal es volver a creer en la palabra resistente, en la palabra que se hunde en las raíces de la historia y se derrama en una conciencia que no admite ni la vida ni la muerte: sólo el ser que debe transitarlas. Para ella, la relación poética entre el ser y el mundo  participa  de una integración compleja y unitaria, más cerca de la idea de que el Universo todo acaba y empieza al mismo tiempo.  “Una muerte me trajo a  una vida/ a esta vida/ nadie me ve no pueden soy invisible/ aquel dolor donde está no lo sé/ era lacerante final único/ pero era mi dolor/ a pesar de que golpeé sin cesar/ la puerta no se abrió/ tal un neutrón se derrumba me derrumboi/ solo quedan ventanas/ el púlsar gira sobre sí mismo”.

Autora de varios libros de poesía ,  comenzó a publicar en 1958 con el poemario Arpa. Sin embargo,  apenas llegan sus libros en nuestro país. Cuando la leí  por primera vez, hace varios años, yo era una joven ávida de lecturas y por eso su visión del mundo me dejó una huella a la que  he seguido el rastro. Se trata de la asunción de un sentido mágico de la realidad en lo poético y que llegaría a interesarme  tiempo después  a través de otros poetas españoles con una visión de la creación poética parecida:  Angel Crespo, Carlos Edmundo de Ory,  Juan Eduardo Cirlot . Poesía de tradición órfica, que alude a todas las cosas del universo; porque hay un fluido que se corresponde y remite a través de las sensaciones a la unidad esencial.  “Porque con los secretos se toca el alma/ y el día es un pretexto para volver a nacer/ cuando el otro es un fantasma ya lo sabemos todo/ la noche dentro de mí se hacía infinita/ una vacía espera que no concluyó nunca”

 

Su obra reunida se publicó bajo el título de  “El infierno es una casa azul” en 1999. Ahora se acaba de editar “En este lugar maravilloso vive la tristeza”.  Este poemario, de apenas  treinta poemas,  culmina una obra que ha indagado en los misterios que atañen a la vida y la muerte, a ese pliegue donde está instalado nuestro miedo  y que como un fulgor regresa de tanto en tanto para dar cuenta de que se ha vivido:  “Todas las cosas que miro toman vida/ una vida distinta”.

Selva  todavía conserva un rostro que se ilumina cuando habla de poesía. Para ella el poema es un lenguaje que adviene aparte, sin trampas, sagrado,  como  la herencia que nos dejaron  los simbolistas.  Hay algo más allá de este mortal destino y no se cruza con religión alguna y menos con dogmas de fe,  en los versos de Selva Casal.  La intuición poética de esta mujer,  que durante muchos años fue docente de derecho y juez  en  Montevideo,  hasta que con el golpe militar uruguayo, en 1976, la destituyeron del cargo por culpa de un poemario: “No vivimos en vano” .  Ni en la imaginación cabe: a una juez le quitan el poder por haber escrito unos versos.

Después, aceleró una toma de partido por la vida con el compromiso ético junto a la vocación de ser poeta. “Todo poema es una estructura surgida como abstracción del universo posible que tiene a expresar trascendentalmente las representaciones perdurables de un mundo y de una época en una totalidad ligada por las vivencias del poeta”.  Lo cotidiano, inscrito en lo maravilloso y lo contrario se abren paso en sus versos cuyo  ritmo tántrico guarda una gran afinidad con sus pinturas,  discretos  paisajes  de trazos curvilíneos con intensos colores, que rodean el salón de su casa en Solymar, desde donde los pájaros se oyen con la intensidad de la vida que pasa y se detiene en las manos de algunos poetas. “Una poética del alma. Quizás ponemos nuestra breve vida al servicio del absurdo- ¿Pero qué es el absurdo? Tal vez una realidad que choca con otra realidad, su naturaleza no lo define. Y nosotros que también somos naturaleza queremos indagar, pero hay un nexo secreto que une el principio y el fin, el Alpha y el Omega. Como sombras nos movemos por un escenario de amor y desventura”.

En este lugar maravilloso vive la tristeza. Montevideo, editorial,  Estuario 2011

 

 

 

 

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